Abrazos que no contagian
Hay encargos que te buscan como fotógrafo corporativo en Madrid y otros que, directamente, te atraviesan. Este fue de los segundos. Hace unos meses recibí la propuesta de colaborar en la campaña conmemorativa de los 30 años de GeSIDA, un proyecto que combinaba entrevistas en vídeo y retrato editorial con un objetivo muy claro: poner rostro, historia y emoción a tres décadas de lucha contra el VIH en España.El encargo consistía en algo tan sencillo como poderoso: reunir frente a la cámara a pacientes con VIH y a los médicos que los habían tratado en los momentos más duros de la epidemia. Primero grabábamos una entrevista íntima, casi susurrada. Después, construíamos una fotografía conjunta. Una imagen que no era solo un retrato, sino un gesto.Como fotógrafo especializado en retrato editorial en Madrid, estoy acostumbrado a trabajar la imagen pública de directivos, profesionales y equipos médicos. Pero aquí había algo más profundo. No se trataba solo de proyectar profesionalidad, sino de capturar memoria, dignidad y afecto.“30 años de GeSIDA” no es solo una cifra. Son tres décadas de avances científicos, de investigación incansable y, sobre todo, de emociones compartidas. Son años en los que la ciencia salvó vidas, pero la empatía las hizo vivibles.

En los años 80 y 90, muchos profesionales eran casi tan jóvenes como los pacientes a los que atendían. Se enfrentaban a lo desconocido, al miedo, a la falta de tratamientos eficaces y también al peso brutal del estigma. Fotografiar hoy a esos médicos junto a quienes sobrevivieron gracias a su cuidado es fotografiar historia reciente de nuestro país.La campaña hablaba de besos que curan prejuicios, de abrazos que no contagian, de la ternura como herramienta contra la exclusión. Y eso, visualmente, es un reto precioso: ¿cómo retratar la empatía? ¿Cómo hacer visible algo tan intangible como el respeto?En cada sesión buscábamos naturalidad. Miradas directas, manos que se tocan, cuerpos que se acercan sin miedo. Nada impostado. Porque la autenticidad es la base de cualquier buen retrato editorial, pero aquí además era una cuestión ética.Uno de los momentos más emocionantes fue la inauguración de la exposición en el Congreso de los Diputados. Ver esas imágenes, fruto de conversaciones íntimas y silencios compartidos, colgadas en un espacio institucional de tanto peso simbólico, fue especialmente significativo.La muestra, que nace en Madrid, será itinerante por distintas ciudades de España. Esa vocación de movimiento encaja perfectamente con el espíritu del proyecto: seguir llevando información, empatía y visibilidad allí donde aún persisten el miedo y la desinformación.
Desde el punto de vista profesional, este trabajo resume muy bien lo que entiendo por fotografía corporativa hoy. No se trata solo de construir una marca o reforzar una reputación. Se trata de contar historias reales, con impacto social, desde una estética cuidada y coherente.En el ámbito sanitario, el retrato corporativo tiene una responsabilidad añadida. Médicos, investigadores y pacientes no son arquetipos: son personas con trayectorias, dudas, pérdidas y logros. Mi trabajo consiste en generar un espacio seguro donde puedan mostrarse tal como son.
Las entrevistas en vídeo aportaban contexto, voz y matices. La fotografía condensaba todo eso en una sola imagen. Un retrato compartido que hablaba de confianza, de acompañamiento y de ciencia.Porque si algo atraviesa estos 30 años es una idea clara: frente al miedo, información. Frente al rechazo, cercanía. Frente al estigma, visibilidad.Como fotógrafo en Madrid, participar en un proyecto con este alcance institucional y social ha sido un privilegio. Pero, más allá del currículum, me quedo con las conversaciones fuera de cámara, con los abrazos al terminar cada sesión y con la sensación de estar contribuyendo, desde la imagen, a algo necesario.


